El tenis es mucho más que un deporte, es una actividad física que requiere esfuerzo, habilidad y pasión. Los deportistas están en continuo movimiento, alternando entre esfuerzos breves y ráfagas de alta intensidad. Esta dinámica exige la participación de diversos músculos y articulaciones, lo que brinda un excelente ejercicio para el cuerpo, pero también implica un riesgo de lesiones, especialmente en la cadera.
Esa zona es fundamental en la práctica del tenis y en la mayoría de las actividades diarias. Su sólida estructura la convierte en el soporte principal del sistema músculo-esquelético, ganándose la confianza de nuestro cerebro para llevar a cabo movimientos ágiles y potentes tanto en el ejercicio como en la vida cotidiana.
Es por eso que los esfuerzos repetitivos y la intensidad del juego pueden generar un mayor desgaste, lo que aumenta el riesgo de lesiones o trastornos como el síndrome del piriforme, cadera en resorte externa, osteítis del pubis, la tendinitis o incluso fisuras óseas.
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